Artrosis de hombro: cómo aliviar el dolor y mejorar el movimiento

Cómo acompañé a una paciente con artrosis avanzada de hombro: claves para mejorar el dolor y recuperar movimiento
Recuerdo con claridad la primera vez que conocí a Clara. Tenía 68 años y llevaba meses lidiando con un dolor constante en su hombro derecho. Me miró con cierta resignación y dijo: “Ya no puedo ni alcanzar la alacena sin que me duela. Todo me cuesta”. En su tono había una mezcla de frustración y cansancio. Y era comprensible: la osteoartritis del hombro, especialmente en estadios avanzados, puede volverse una limitación seria para las tareas más simples.
Lo que sigue es el recorrido que hicimos juntas, paso a paso, para que ese hombro recuperara funcionalidad, y ella, calidad de vida.
¿Qué es la osteoartritis glenohumeral y por qué afecta tanto?
La articulación glenohumeral es la principal del hombro, y cuando hablamos de osteoartritis en esta zona nos referimos a un desgaste progresivo del cartílago que recubre las superficies articulares. A medida que este tejido se degenera, el roce entre los huesos genera dolor, rigidez y pérdida de movimiento.
En el caso de Clara, una radiografía mostró una artrosis glenohumeral grado III, lo que indica un daño importante en el cartílago y una reducción evidente del espacio articular.
Algunos síntomas comunes en estos casos incluyen:
- Dolor crónico que empeora con el movimiento
- Rigidez matutina, especialmente al iniciar actividades
- Limitación funcional: dificultad para alcanzar, levantar objetos o vestirse
- Crepitación articular: esa sensación de “crujido” o “arenilla” al mover el hombro
Evaluación inicial: escuchando el cuerpo
Durante la evaluación notamos:
- Atrofia muscular en el deltoides, signo de desuso y dolor persistente
- Movilidad reducida, con dificultad para elevar el brazo por encima de los 90 grados
- Compensaciones posturales: Clara tendía a usar más el lado izquierdo y evitaba mover el hombro derecho
- Dolor constante, especialmente en la noche
Estos hallazgos clínicos confirmaron lo que la imagen ya había revelado: una artrosis avanzada que exigía un abordaje cuidadoso, gradual y sostenido.
Estrategias de rehabilitación por fases
Diseñamos un programa de rehabilitación en cuatro etapas, adaptado a sus síntomas y progresos.
Fase aguda: aliviar el dolor y preparar el cuerpo
El primer paso fue controlar el dolor sin irritar la articulación.
- Usamos electroanalgesia, que resultó muy eficaz para reducir la sensibilidad local.
- Introdujimos sesiones de terapia acuática: el agua templada ofrecía un entorno ideal para mover sin dolor.
- Le enseñé ergonomía básica para las tareas del hogar: cómo alcanzar objetos, cómo descansar el brazo y cómo evitar movimientos repetitivos.
Esta etapa generó un cambio importante: Clara empezó a moverse más sin miedo a que el dolor se intensificara.
Fase subaguda: recuperar movilidad y comenzar a fortalecer
Con menos dolor, era momento de recuperar el rango de movimiento y activar la musculatura.
- Incorporamos ejercicios de movilidad articular, priorizando los movimientos dentro del rango no doloroso.
- Usamos bandas elásticas de baja resistencia para fortalecer los músculos del manguito rotador y el deltoides.
- Agregamos ejercicios posturales suaves, ayudando a mejorar la alineación y reducir la carga en la articulación.
Con paciencia y constancia, Clara notó que ya podía levantar el brazo hasta su cabeza, algo impensado semanas atrás.
Fase de fortalecimiento: estabilidad y control funcional
El objetivo aquí fue aumentar la resistencia y prevenir recaídas.
- Avanzamos hacia un entrenamiento de resistencia muscular progresivo, con ejercicios supervisados y ajustes individuales.
- Aplicamos terapia vibratoria localizada, que ayudó a estimular la musculatura profunda sin provocar dolor.
- Trabajamos en ejercicios isométricos, especialmente útiles en casos de artrosis avanzada.
Gracias a esta fase, Clara ganó fuerza y estabilidad, y eso se tradujo en más independencia para tareas cotidianas.
Fase de reintegro funcional: adaptar el movimiento a la vida diaria
Lo más valioso de un tratamiento es que tenga impacto real en la rutina del paciente.
- Implementamos técnicas de ahorro articular: elegir qué movimientos evitar, cómo cargar peso sin dañar la articulación, cómo organizar la cocina para no forzar el hombro.
- Hicimos reeducación funcional, simulando actividades diarias como colgar ropa, abrir frascos o manipular utensilios.
- Finalmente, armamos una rutina de mantenimiento con ejercicios específicos para hacer en casa.
Después de 12 semanas, Clara dijo: “Volví a sentirme yo. Ya no tengo miedo de moverme”.
Resultados concretos y sostenibles
En seis semanas, el dolor disminuyó de forma notable. A los tres meses, su movilidad mejoró tanto que ya no necesitaba asistencia para vestirse o alcanzar objetos en altura. Pero lo más importante fue su recuperación emocional: había recuperado el control sobre su cuerpo.
Seguimos en contacto con controles periódicos y ajustes en su rutina. Su compromiso y constancia fueron claves para el éxito del tratamiento.
¿Qué podés hacer si tenés artrosis de hombro?
Quiero dejarte algunos consejos si estás atravesando algo similar:
- No dejes que el dolor te inmovilice: la falta de movimiento acelera el deterioro articular.
- El tratamiento no es solo medicación: el ejercicio dosificado es una herramienta fundamental.
- Cada caso es único: por eso es importante recibir un diagnóstico claro y un plan de tratamiento personalizado.
- La constancia da resultados: aunque el avance sea lento, es progresivo y vale la pena.
¿Te sentís identificado con este tipo de dolor o conocés a alguien que lo sufra?
Dejame tu consulta en los comentarios o sugerí un tema para futuros artículos. Siempre hay algo que se puede hacer para moverse mejor y con menos dolor.
Prof. Sebastián Pablo Galleano
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